Futuros Geopolíticos y Tecnológicos hacia 2035 — Parte I
por Anthony Medina Rivas Plata
Si observamos la evidencia disponible, el horizonte hacia el año 2035 se va perfilando como la consolidación de tres procesos que son fundamentales: primero, una mayor competencia geoeconómica entre potencias, luego una aceleración tecnológica concentrada (en particular en China y Estados Unidos) y un mayor endurecimiento regulatorio en el control de flujos y distribución de energía, así como un mayor cuidado en el procesamiento de datos personales. En el caso particular de América Latina, un estudio de la CEPAL sobre 33 países de la región encontró que, en el mercado estadounidense, un aumento de 1% en las exportaciones chinas se asocia con una reducción de entre 0,25% y 1,26% en las exportaciones latinoamericanas y caribeñas. Según la especificación econométrica que se usó, el mismo estudio reporta además que los TLC con Estados Unidos pueden elevar las exportaciones regionales hasta en 1,5%.
Vemos entonces que la competencia entre grandes potencias ya se traduce en desplazamientos comerciales concretos. Un dato político relevante es que las percepciones de los latinoamericanos sobre Estados Unidos y China no covarían de manera robusta; ya que, en promedio, 30% de los encuestados considera a los Estados Unidos como un mejor modelo de desarrollo, mientras que sólo un 12% prefería a China; siendo Bolivia la única excepción inversa en donde se prefiere a China en esa comparación. La disputa por la influencia no se resuelve automáticamente en alineamientos ideológicos estables del tipo izquierda/pro-China vs. Derecha/pro-EE.UU., sino en un terreno regional bastante más pragmático y contradictorio.
El frente tecnológico muestra asimetrías nítidas. El AI Index Report 2025 de la Universidad de Stanford registra que en el año 2024 la inversión privada en inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos alcanzó US$109,1 mil millones, siendo casi doce veces el nivel de lo invertido por China (US$9,3 mil millones) y veinticuatro veces el nivel del Reino Unido (US$4,5 mil millones).
La inversión global en IA generativa llegó a US$33,9 mil millones, 18,7% más que en 2023, y un 78% de las organizaciones reportó usar IA en 2024, frente a 55% el año anterior. La producción de modelos también sigue concentrada; ya que en 2024, instituciones estadounidenses lanzaron 40 modelos notables, China 15 y Europa 3. Sin embargo, la brecha de rendimiento entre los mejores modelos de Estados Unidos y China se redujo drásticamente en 2024. En términos simples, la ventaja norteamericana sigue siendo clara en capital, escala y ecosistema empresarial, pero China sigue siendo un competidor no desdeñable.
Para nuestra región de América Latina, el problema no es solo cuánto innova, sino en qué condiciones puede adoptar, regular y promover esas tecnologías. El informe ILIA (Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial) 2024, elaborado desde Chile con proyección regional, ubica a dicho país en el primer lugar del índice con 73,07 puntos; manteniendo a Chile, Brasil y Uruguay como los tres líderes regionales. A mi juicio el dato más importante no es el ranking en sí mismo, sino la estructura de la brecha; ya que la subdimensión de adopción promedia 60,44 puntos en la región, mientras que el ítem de investigación promedia 41,43, mientras el de ‘investigación y desarrollo’ (I+D) un 42,53.
Eso significa que la región adopta más de lo que produce. Esa asimetría se vuelve crítica cuando se la cruza con el mercado laboral. En un informe del pasado 2025, la OIT reporta que uno de cada cuatro trabajadores en el mundo se encuentra en ocupaciones con algún grado de exposición a IA generativa, mientras que 3,3% del empleo global cae en la categoría de exposición más alta. En países de altos ingresos, esa exposición llega a 34% del empleo total. Por ello, en el corto plazo no es que vayamos a ver una automatización masiva inmediata, pero sí una transformación acelerada de tareas y perfiles ocupacionales. Para nuestra región, eso significa que la ventana para obtener ganancias de productividad existe, pero choca con una base débil en investigación, infraestructura y talento especializado.
📍Anthony Medina Rivas Plata es politólogo, y cuenta con una destacada trayectoria en docencia universitaria, gestión académica e investigación sobre política latinoamericana y relaciones exteriores. Actualmente se desempeña como docente investigador en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y presidente del Instituto de Estudios Políticos Andinos.




