Hay cosas que se aprenden en una sala de laboratorio y otras cuando no se tiene acceso a los componentes necesarios. Yo aprendí ambas.
Trabajar en ingeniería en Irán significa estudiar la infraestructura energética como objeto técnico y, al mismo tiempo, vivirla como sistema que falla, se adapta y encuentra soluciones donde no debería haberlas. Las sanciones tecnológicas es una condición estructural de trabajo, el día a día. Se han retrasado líneas completas de investigación y, a la vez, se ha producido una forma de conocimiento sobre resiliencia industrial que no se adquiere en contextos de abundancia. Ese es el punto de partida de este artículo. No como queja, sino como método.
Un detalle no técnico.
La economía digital descansa sobre turbinas, transformadores, cobre, silicio y miles de kilómetros de fibra óptica en el fondo del océano. La “nube” es una arquitectura física intensiva en energía. Cada consulta a un modelo de inteligencia artificial, cada transacción financiera, cada videollamada, depende de estabilidad eléctrica: frecuencia constante, capacidad instalada suficiente, sistemas de respaldo que funcionen cuando la red cae.
En una red de 50 Hz, pequeñas desviaciones sostenidas pueden indicar desequilibrios entre generación y demanda. En países donde los cortes son frecuentes o el mantenimiento depende de repuestos importados, la estabilidad es una preocupación diaria. Un transformador de alta potencia no se reemplaza en días. Puede tardar meses. Y lo peor, ningún software compensa esa brecha.
En los últimos años, el debate sobre el Sur Global se concentró en innovación, startups y talento digital. La pregunta estructural es quién controla la base material del sistema. En países con fluctuaciones de voltaje o dependencia energética externa —Irán, Nigeria, Pakistán, Venezuela— la promesa de autonomía digital pierde sentido antes de comenzar. No por falta de inteligencia, sino porque la estabilidad rotacional y la infraestructura física son condiciones que no se puede sustituir.
La asimetría es estructural
El Sur y el Este Global son el territorio físico del sistema, pero no sus diseñadores ni sus propietarios. De sus suelos se extraen minerales críticos —litio, cobalto, cobre— esenciales para baterías, servidores y redes eléctricas. Albergan rutas energéticas y digitales. Ofrecen energía relativamente barata para atraer centros de datos. Y, no obstante, no definen estándares, protocolos ni arquitecturas de plataforma. Sin integración mínima en infraestructura crítica, lo que se denomina soberanía digital es, en el mejor de los casos, administración de la dependencia.
Los centros de datos se presentan como símbolos de modernidad. En realidad, son instalaciones industriales con requerimientos de redundancia eléctrica (N+1 o superiores), sistemas de enfriamiento intensivos en agua y consumo energético constante. Atraerlos sin una estrategia energética sólida puede intensificar la fragilidad de redes ya bajo presión. He visto esa dinámica operar donde la generación es insuficiente y la demanda digital crece más rápido que la capacidad instalada. El resultado no es modernización, sino una nueva forma de vulnerabilidad.
La infraestructura invisible, no neutral y (muy) geopolítica
Replantear la soberanía tecnológica no basta con fomentar startups ni importar marcos regulatorios diseñados para contextos con infraestructuras consolidadas. Es necesario fortalecer redes eléctricas, diversificar matrices energéticas, desarrollar capacidades industriales propias y asegurar control real sobre nodos físicos de conectividad.
Debemos profundizar en lo que sostiene el sistema y no solo en lo que el usuario ve en la pantalla. Esta problemática no genera titulares, pero es lo que un ingeniero en el Sur y el Este Global evalúa de forma constante: estabilidad, redundancia, tiempo de reposición, riesgo de falla en cascada.
La soberanía comienza en el cable, en la turbina y en el nodo eléctrico. Lo sé porque me formé y trabajé en entornos donde los sistemas no podían fallar y, aun así, fallaban. Y aprendí a repararlos con lo disponible.
Sin esa raíz material, el árbol más alto será siempre el primero en caer.
📌 Zaynab Seifi es ingeniera mecánica. Ha trabajado en investigación y desarrollo en generación eléctrica, hidráulica y diseño de infraestructura industrial en Irán. Vive en Isfahán.




