En 2024, una firma londinense publicó una vacante singular: “Prompt Engineer, con un salario entre £85 000 y £125 000”. La función consistía en transformar preguntas ambiguas en instrucciones precisas para un modelo de lenguaje. Un oficio inexistente tres años antes.
Lo sorprendente fue que la empresa no despidió a nadie. Reconfiguró el rol de jóvenes analistas cuyo trabajo repetitivo había sido absorbido por la automatización.
En Nueva York, los estudios jurídicos también mutaron. Allen & Overy y Baker McKenzie empezaron a utilizar Harvey, una herramienta de IA legal basada en modelos de lenguaje. Los abogados junior —antes confinados a buscar jurisprudencia— hoy interpretan las respuestas de la IA y las traducen en argumentos para socios y clientes.
En São Paulo, el estudio Perkins & Will integró generadores visuales como Midjourney a su proceso de diseño. Lo que antes tomaba días ahora ocurre en minutos. Decenas de variaciones instantáneas que el arquitecto evalúa y afina pero la IA amplía el terreno creativo; no lo sustituye.
En California, el hospital El Camino Health implementó un sistema de diagnóstico asistido. Al principio, los radiólogos se resistieron. Pensaban que el algoritmo los volvería prescindibles. Con el tiempo descubrieron que el sistema filtraba lo rutinario y ellos se concentraban en acompañamiento, decisiones éticas y comunicación clínica.
La automatización no elimina oficios pero si los reconfigura.
Desaparecen las tareas que justificaban horas humanas y emergen profesiones híbridas donde el valor reside en creatividad, sensibilidad y juicio.
Las cifras respaldan esta transición.
El Foro Económico Mundial calcula que hacia 2025 unos 85 millones de empleos serán desplazados, pero 97 millones nuevos aparecerán ligados a la colaboración humano-máquina.
McKinsey estima que un tercio de las horas administrativas podría automatizarse, mientras aumenta la demanda de especialistas en datos, diseñadores de interacción y gestores de ética algorítmica.
Las instituciones avanzan más lento. Universidades enseñan con planes pensados en 2010. Gobiernos regulan plataformas que ya quedaron atrás. Las empresas, en cambio, reescriben roles cada seis meses.
El empleo del futuro nace de la adaptación constante.
Cada oficio se negocia entre lo que la máquina asume y lo que el ser humano decide conservar.
En ese espacio de ajuste, se redefine el sentido del trabajo.
📌 Douglas Dattawalker es especialista en gestión ambiental, automatización industrial y políticas tecnológicas.





Referencias
Wegner, P. (2023). The Future of Jobs Report 2023. World Economic Forum.
McKinsey & Company (2025). The state of AI: How organizations are rewiring to capture value.
McKinsey Global Institute (2024). A new future of work: The race to deploy AI. https://www.mckinsey.de/~/media/mckinsey/locations/europe%20and%20middle%20east/deutschland/news/presse/2024/2024%20-%2005%20-%2023%20mgi%20genai%20future%20of%20work/mgi%20report_a-new-future-of-work-the-race-to-deploy-ai.pdf
Allen & Overy / Harvey AI (2023) – Business Insider.
Perkins & Will São Paulo (2024) – Perkins & Will Research Journal.
El Camino Health (2025) – Medical Xpress.