Crecí en Colombia viendo cómo la innovación casi siempre llegaba tarde y ya venía armada. No nacía donde yo estaba, se importaba. Llegaba con manual, con discurso y con la expectativa implícita de que acá tocaba adaptarse. Hoy vivo en Londres y el patrón se repite, aunque en otra dimensión. Acá la innovación avanza rodeada de formularios, comités y regulaciones. En el Sur Global la carga es distinta. Pensar el futuro implica, al mismo tiempo, construir el suelo sobre el que ese futuro podría sostenerse.
En Colombia esa carga es medible. El país invierte cerca del 0,3 por ciento de su PIB en investigación y desarrollo, mientras que el promedio de la OCDE supera el 2 por ciento. Esa diferencia se traduce en menos laboratorios, menos capital de largo plazo y menos margen para experimentar sin consecuencias inmediatas. Innovar, muchas veces, se parece más a aguantar que a explorar.
Curiosidad radical.
Douglas Engelbart no inventó el mouse para vender computadores. Su pregunta iba por otro lado. Qué pasaría si las personas pudieran pensar mejor junto a las máquinas. Ahí estaba el foco. En ampliar capacidades, no en optimizar procesos. Xerox PARC entendió esa intuición antes que nadie. Tenían la interfaz gráfica, el mouse, el networking y la arquitectura completa de la computación moderna. Lo que faltó fue disposición interna para mover el negocio principal y asumir el costo de hacerlo.
Apple tomó esa pregunta y la volvió operativa. La incorporó como criterio de decisión. Esa diferencia pesa más que cualquier ventaja tecnológica inicial.
En el Sur Global, la curiosidad existe con fuerza a nivel individual. Emprendedores, ingenieros y equipos pequeños prueban, adaptan y resuelven con lo que hay. El problema aparece cuando el proyecto empieza a crecer. En Colombia, más del 70 por ciento del financiamiento temprano para startups depende directa o indirectamente del Estado. El capital privado es escaso y el mercado local tiene límites claros. Cuando entra capital internacional, suele hacerlo con otra lógica. Compra temprano, integra rápido y traslada el valor a otros centros.
El resultado se repite. Proyectos que podían convertirse en industria terminan siendo casos de adquisición.
Sostener un ecosistema.
Las organizaciones dicen valorar la innovación, pero la curiosidad que altera estructuras internas sigue siendo incómoda. En Europa, eso se diluye en labs, hubs y sandboxes que rara vez tocan el núcleo del negocio. En el Sur, se expresa de otra forma. Proyectos que no logran sostenerse porque falta infraestructura, continuidad y protección. El estándar ya viene definido desde afuera.
Engelbart hablaba de ampliar el intelecto humano. Esa idea hoy vuelve a ser relevante. Cada nueva tecnología, incluida la inteligencia artificial, llega empaquetada como solución universal. El Sur Global, otra vez, recibe herramientas diseñadas en otros contextos y bajo otras prioridades. Adaptar consume energía. Proponer consume aún más.
En Colombia y en gran parte de América Latina, la pregunta nunca fue qué pasa si nos equivocamos, sino qué pasa si no intentamos construir algo propio. La curiosidad funcionó muchas veces como estrategia de supervivencia: resolver con lo que hay, rebuscar, improvisar. Eso produce creatividad real, pero también una fragilidad constante. Sin infraestructura propia, sin financiamiento sostenido y sin control del estándar, la innovación queda suspendida.
Europa opera en una lógica distinta, más lenta y más regulada. El Sur Global enfrenta una más cruda. Construir infraestructura, formar talento, financiar proyectos y cumplir reglas ajenas al mismo tiempo. Y cuando algo funciona demasiado bien, suele cambiar de manos antes de consolidarse.
Leída desde la periferia, la historia de Engelbart, Xerox y Apple deja de ser inspiradora. Se vuelve menos mítica. Muestra cómo la innovación se frena menos por falta de ideas que por desigualdad en la capacidad de sostenerlas.
Para el Sur Global, este sigue siendo el recurso más escaso.
📌 Nicolás Pinzón es investigador en tecnología e innovación organizacional con enfoque en la transformación digital del trabajo.





