Sabrina Langer: En mayo pasado el Instituto de Química de la Academia China de Ciencias registró algo llamativo: una gotícula sintética que se dividía sola bajo el microscopio, sin ayuda mecánica, activada por una sola enzima. Dos meses después, un laboratorio en Estados Unidos resolvió el mismo problema pero por un camino totalmente opuesto. Más allá del hito técnico de cada equipo, ¿esta coincidencia te dice algo sobre hacia dónde va el campo?
Dra. Yang Liu: Sí, absolutamente. Cuando el equipo de la Universidad de Minnesota presentó SpudCell, una célula armada desde cero con químicos no vivos, lo que vimos fue uno más de varios intentos, en distintos rincones del mundo, de cerrar el ciclo celular completo. Ahí un genoma de 90.000 pares de bases maneja los nutrientes, la copia de información y la división. SpudCell se alimenta por un poro especial y se divide por pura presión mecánica, sin citoesqueleto. Todavía es frágil. Después de cinco ciclos solo un tercio hereda el genoma completo y el resto colapsa porque no logra fabricar sus propios ribosomas, pero como primer paso es impresionante. Es vida sintética.
SL: El equipo estadounidense fue por un control mecánico externo mientras que el equipo chino lo hizo con un truco químico directo. ¿En qué consistió?
Dra. Yang Liu: Son dos caminos casi opuestos para el mismo obstáculo. El equipo de ICCAS usó una enzima que corta la gotícula en un punto preciso, y esa gotícula se cierra sola formando una nueva vesícula. Ninguno de los dos logró todavía repartir el material genético de forma segura y continua entre generaciones, pero ambos son modelos que la biología sintética dejó la fase teórica y entró en la de prototipado de plataformas.
SL: Las cifras todavía no se mueven por esto hecho, pero dan una idea de la escala de lo que ocurrirá en unos años. McKinsey calcula que hasta el 60% de los materiales físicos de la economía global podrían fabricarse con biología, entre 2 y 4 billones de dólares anuales en las próximas dos décadas.
Dra. Yang Liu: Exacto. Quienes miran el sector a corto plazo dicen que ambos sistemas están lejos de la producción industrial por falta de autonomía metabólica, y no se equivocan. Sin embargo, la ventana estratégica crítica no está en la producción industrial, sino en el momento en que un mecanismo de división se vuelve confiable. Ahí la industria no necesita que sea rentable todavía, solo necesita saber que va a serlo. Especular. Es lo mismo que pasó con la levadura modificada de Amyris, que se convirtió en la referencia del sector antes de que ningún producto diera ganancias.
SL: A este avance es científico hay una jugada de licenciamiento que sorprende a sus inversionistas, sobre todo con el equipo estadounidense.
Dra. Yang Liu: Si. Al final, siempre se espera licenciar el trabajo y entrar en el negocio de patentes. Es la forma que tienen los inversores de recuperar su dinero. Ellos no invierten por amor a la ciencia. Lo interesante es que el equipo de Minnesota armó una organización sin fines de lucro para repartir los planos de SpudCell sin trabas de patente, y avisó a la prensa antes de publicar el paper técnico. Eso deja la puerta abierta a que quien sea que termine de resolver el mecanismo de división, en cualquier parte del mundo, puede convertirse en el estándar que todos adopten y capturar el valor del mercado durante años.
SL: ¿Te quedás con esa doble lectura? El mérito científico y, a la vez, la apuesta por dejar la licencia abierta.
Dra. Yang Liu: Sí. Y me quedo sobre todo con que dos potencias rivales, sin coordinarse, llegaron al mismo cuello de botella y lo resolvieron por caminos contrarios. Eso confirma que la división celular artificial está por despegar. Estamos a un paso de resolver el desafío central de la vida sintética.
Yang Liu es científica en Genómica Computacional y Bioinformática. Doctora por la King Abdullah University of Science and Technology y especializada en modelos predictivos basados en aprendizaje automático y escalabilidad tecnológica.




