“La tecnología es neutral” es uno de los mitos más peligrosos del siglo XXI. Detrás de cada membrana de ósmosis inversa y de cada semilla modificada genéticamente hay un dueño. Ese dueño, en el tablero geopolítico actual, no es neutral. América del Sur concentra cerca del 45% de las reservas renovables de agua dulce del planeta, y sin embargo la tecnología que permite gestionarla permanece en manos de unas pocas potencias, en una desconexión que es el nuevo rostro de la dependencia.
Una asimetría por patentes ocurre cuando un país consume tecnología que no produce, mientras otro controla la propiedad intelectual que la hace posible. Sudamérica compra las llaves de su propio futuro, pero quien las fabrica decide cuándo entregarlas, actualizarlas o bloquearlas. El candado opera en tres niveles: el mantenimiento técnico permanente, la trampa de la transferencia tecnológica que en la práctica es solo una licencia de uso, y el control de los datos que genera la agricultura de precisión. Ese tercer nivel es el menos visible y probablemente el más duradero, porque el agricultor sudamericano no es dueño de la información que produce su propia tierra.
Sudamérica se ha convertido en el escenario de una competencia silenciosa pero feroz entre Estados Unidos y China. Ambas potencias despliegan sus herramientas con enfoques distintos, que convergen, sin embargo, en los puntos de asegurar aliados, recursos y el acceso privilegiado a una región clave para la competencia global.
Frente al avance de China —que invierte, construye y compra activos estratégicos—, Estados Unidos ha respondido con lo que podría llamarse un “candado”: busca cerrar el paso de su rival a los recursos críticos de la región, mientras retiene su propia llave maestra. Así, mientras Washington busca reforzar su dominio hemisférico y evitar que Pekín llegue a los recursos estratégicos de Sudamérica —mediante patentes, alianzas militares, presión diplomática y condicionalidad de la ayuda—, China busca hacerse del litio, el cobre y el agua que necesita para su desarrollo tecnológico mediante inversión selectiva, tecnología propia, acuerdos bilaterales y financiamiento.
Chile encarna esta paradoja con nitidez. Es el país de América Latina con mayor capacidad de desalinización instalada, con 24 plantas operativas y más de 10.000 litros por segundo de capacidad, y ha impulsado legislación específica para facilitar su construcción. Pero la tecnología que utilizan estas plantas, mayoritariamente ósmosis inversa, sigue siendo importada, con empresas españolas como Acciona y GS Inima a cargo de buena parte de la construcción. Sin control sobre las membranas ni el software de operación, una planta desalinizadora es una costosa escultura de cemento.
El caso de Brasil confirma la regla desde el lado contrario. El país es uno de los mayores productores de alimentos del mundo, segundo exportador global solo detrás de Estados Unidos, y aun así sigue rezagado en investigación agrícola propia. Ha llegado a considerar la quiebra de patentes como mecanismo de retaliación comercial contra Washington, amparado en el artículo 71 de su Ley de Propiedad Industrial. Que esa herramienta se perciba como una medida extrema revela cuán profunda es la dependencia.
El mercado de desalinización en la región crecerá de 1.700 a 3.400 millones de dólares en la próxima década, mientras la demanda de agua en América Latina aumentará un 43% hacia 2050. China, con 167 proyectos de desalinización propios en su costa, ya desarrolla tecnología que compite directamente con la occidental, y eso abre una ventana de negociación que hoy casi nadie en la región está usando. El horizonte de 2035 exige que Sudamérica establezca en cada contrato la transferencia tecnológica que hasta ahora solo se le ha prometido. ¿Seguirá la región comprando las llaves de su propio futuro, o empezará a fabricar las suyas?
S. Vanessa Chávez Vargas es investigadora afincada en Arequipa, Perú. Su formación en historia material y análisis de estructuras espaciales se ha extendido hacia la intersección entre historia económica, infraestructura y procesos de control en América Latina.





